No era la primera vez que aparecía por allí, el visitante recorría las salas del museo mirando los cuadros casi de reojo, por cortesía, hasta llegar a "Jardín en otoño". Allí se detenía. Era un jardín simétrico, con dos senderos que abrazaban un macizo central de flores lilas y se perdían a lo lejos. Arbustos como fondo del cantero florido: más arbustos y árboles frondosos en hilera, custodiando el lugar por ambos lados. Un placido jardín de otros tiempos, solitario y dueño de sí mismo. Ausente la casa y si la había, debía ser una casona cerrada y sin gente. Uno podía recorrer con los ojos los senderos hasta el impreciso horizonte de follaje y preguntarse qué habría más allá, como si el jardín oficiara de antesala de otros paisajes y otros mundos. Era un buen cuadro, uno de los más valioso del museo. La primera vez que el guardián observó a aquel hombre menudo, arrobado ante la tela no sospechó de él. Pero la escena se repitió varias veces y su desconfianza creció con cada visita. En una ocasión lo sorprendió atisbando el perfil del marco como si quisiera ver el dorso del cuadro. Otra vez lo pescó mirando nerviosamente a uno y otro costado para asegurarse de que no había testigos. El guardián sabía que el robo era inminente y trató en vano de imaginar qué recursos usaría, en qué momento, y si tendría cómplices. Un día de lluvia, el museo casi desierto, reapareció el visitante. Se sacudió unas gotas del impermeable e iba de sala en sala hasta llegar al cuadro. El guardián se ubicó estratégicamente en un ángulo desde donde no le perdería pisada. Fueron unos minutos de descuido, cuando tuvo que contestar un teléfono que nadie atendía. Aunque volvió rápidamente a su puesto, el visitante ya no se veía. Corrió hacia el cuadro, pero no llegó a tiempo para impedir el robo. La sala estaba vacía. El guardián lo vio alejarse, inalcanzable. El hombrecito había llegado casi al final de uno de los senderos de "Jardín en otoño": unos pasos más y, sin volver la cabeza, se esfumó detrás del muro de follaje. Lo único que quedaba de él era su impermeable en el piso, debajo del cuadro, Ya no volvería. Ninguno de los que han sido robados por un cuadro ha regresado.
¿POR QUÉ EL GUARDIÁN COMENZÓ A SOSPECHAR DEL VISITANTE?
Sospechaba por que siempre ingresaba mirando todos los cuadros y de manera sospechosa, como si estuviera planeando algo
Era sospechoso por que era de baja estatura
Se sospechaba de él por su impermeable
Se sospecha por ser extraño a todos
. ¿Qué se puede deducir sobre el final del cuento respecto al visitante y el cuadro?
Que era un visitante más
Era víctima, al igual que otros, de un secuestro
Que era pequeño y por lo mismo, presunto ladrón de cuadros
Era sospechoso por usar siempre un impermeable
¿a dónde se fue el sospechoso?
A la calle
Se escabulló en otra galería
Al interior del cuadro
Se fue a su galería favorita
. ¿Con qué nombre era conocido el cuadro?
El Hombre del Impermeable
El Robo
El Bosque en Otoño
Jardín en Otoño
. ¿qué significó el impermeable tirado en el suelo frente al cuadro “Jardín en Otoño”?